La suite Iberia
Tanto desde el punto de vista técnico como desde el musical la suite Iberia de Isaac Albéniz (1860-1909) es bien conocida porque exige mucho del pianista que la interpreta. El ciclo está compacta y complejamente escrito, con tonalidades exóticas, entrelazados pasajes de manos, grandes saltos, ritmos cruzados, acordes casi incomprensibles y gran cantidad de adelantamientos, signos dinámicos e instrucciones muy detalladas. En más de una ocasión Albéniz pensó en romper la partitura pensando que su interpretación era poco menos que imposible.
Encantamiento
Aun así, a lado del virtuosismo queda espacio para una lírica encantadora. Las estáticas coplas con sus preciosos sonidos cromáticos forman en cada parte un contrapeso para el virtuosismo.
Obra maestra
Grandes maestros como Debussy, Poulenc en Messiaen, ensalzan ‘Las doce impresiones musicales’, nombre original de la obra, debido a su diversidad y el brillante uso de disonancias cromáticas.
Liszt y el flamenco
Iberia esta compuesta de doce piezas agrupadas en cuatro cuadernos. Los ritmos las melodías, el carácter de las piezas- de todo ello emana el aire andaluz y el color del flamenco. Albéniz escribió la obra en Paris en los tiempos del Impresionismo. Aun así, es la combinación de las formas de música folklórica española, en concreto los ritmos, la construcción de las canciones que determinan el flamenco y el uso de la técnica trascendental de Liszt los que le dan, en gran parte, un carácter único a esta música. La recreación de la juerga permitió a Albéniz superar las limitaciones del piano y darle a esta obra una carácter orquestal.
Canto del cisne
Es trágico que Albéniz falleciera a los 49 años a consecuencia de una enfermedad de riñón, justo cuando empezaba a darse a conocer su estilo único y personal. Las últimas partes de Iberia las compuso estando ya muy enfermo. Fallecería un año después.



